Snapchat fue el protagonista previo al debate, dado que incluyó un filtro de Donald Trump en contra de Hillary Clinton. De hecho, se trata del primer filtro con estas características que se usa durante un debate presidencial a nivel nacional. Además, durante el debate, los usuarios podían aplicar sus filtros sobre cada candidato y publicar las fotos al respecto. Es parte de la estrategia de uso de Snapchat a lo largo de la campaña de parte de ambos candidatos.

Como no había ocurrido con ningún otro evento, Twitter sirvió también como plataforma de transmisión en vivo. El usuario, además de ver los tuits relacionados con el tema, también era partícipe del hecho en tiempo real porque tenía su pantalla desde Twitter. Además, hay que tomar en cuenta la gran actividad que hubo en Facebook y YouTube con la transmisión en vivo del debate.

Otro elemento interesante fue que la plataforma Aicial facilitó información basada en Twitter en tiempo real sobre la gran conversación relacionada con el debate. Era posible ver la evolución de los dos candidatos sobre cómo eran percibidos, qué estaba diciendo la gente en Twitter, en qué sentido iban las menciones, en qué estados se registró mayor simpatía de uno y otro.

Respecto del fact-checking, el portal de Hillary Clinton se dio a la tarea de verificar en tiempo real los dichos y afirmaciones de Donald Trump y permitió la interacción de la gente en cada premisa. The New York Times, por otra parte y como en otras ocasiones, hizo lo propio pero con los dos candidatos, un ejercicio parecido al de Animal Político durante las transmisiones de los informes de gobierno de Enrique Peña Nieto.

Como se ve, las redes y las plataformas digitales juegan un papel fundamental no solo en la forma de hacer política en nuestros días, sino que a través de ellas los candidatos transmiten cada etapa de su campaña, incluido el debate y sus fases. En cuanto al debate, particularmente han ayudado a la configuración de las percepciones sobre quién lo ha hecho mejor una vez pasado el hecho, en el postdebate.

No obstante, el gran problema con estas plataformas en contextos electorales sigue siendo la incapacidad de las audiencias para dirigir la conversación y, en contraste, el poco interés de los actores políticos en configurar temas y mensajes que trasciendan, que vayan más allá de la estridencia de las campañas. Ni qué decir de la interacción entre políticos y candidatos, que solo es un buen deseo, una buena intención, pero que en realidad no sucede.

Trump, ya lo hemos medido en Política en Línea, tiene mayor penetración, impacto e influencia en redes sociales que Hillary Clinton. No se sabe hasta dónde este debate afectará la presencia de estos candidatos en las plataformas digitales o en las encuestas de opinión. A la campaña le queda un mes y todavía restan dos debates. Lo más intenso está por venir y las herramientas de comunicación de ambos lados cada vez quedan más en evidencia.

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