Domingo 23 de Octubre de 2016

† Alberto Cardenal Suárez Inda, Arzobispo de Morelia

Hemos vivido una fiesta extraordinaria en Roma y la seguimos saboreando. Ha sido algo muy grande celebrar la santidad de siete miembros de nuestra Iglesia Católica. La santidad es el ideal más alto al que puede aspirar un ser humano: ser perfectos como el Padre, identificarnos con Jesús al revestirnos de sus sentimientos, ser dóciles al Espíritu.

Es notable cómo tan variadas vocaciones llevan a la misma meta: un niño laico, nuestro glorioso mártir; dos religiosos franceses, un hermano lasallista y una monja carmelita de clausura; dos sacerdotes italianos fundadores, un sacerdote diocesano, párroco rural de Argentina, y un obispo español.

De la vida y el martirio de José Sánchez del Río, quisiera destacar tres rasgos que nos señala la Palabra de Dios proclamada y que se han hecho realidad en él y hemos de vivir nosotros.

1) “El rey y sus acompañantes quedaron impresionados por el valor de aquel muchacho que despreciaba los tormentos” (2 Macabeos, 7). José Luis también mostró una valentía nada común; seguramente experimentó el miedo, pues era humano, pero la virtud de la fortaleza se agigantó en él. Le dijo un compañero prisionero llamado Lorenzo: “no te eches para atrás, ni le tengas miedo al dolor, nuestras penas pasan mientras cerramos los ojos”. Y cuando lo vio colgado en un árbol de la plaza de Sahuayo exclamó: “mátenme a mí también”.

El valor de José Luis provenía de su fe inquebrantable que se manifiesta en sus expresiones: “hay que morir por Dios que murió por nosotros… Detrás del miedo está el cielo… Ahora es más fácil que nunca ganar el cielo… Estoy sentenciado a muerte, ha llegado el momento que tanto he deseado”.

Se sabe que unos años antes sus padres lo llevaron a Guadalajara para pedir en la tumba de Anacleto González la gracia de la curación, porque padecía de convulsiones; ahí pidió el chico se le concediera la gracia del martirio. Y pocas horas antes de morir pudo recibir el viático, pan de los fuertes, de manos de una señora que disfrazadamente se lo llevó con el pretexto de darle algún alimento.

2) Es decisiva la intervención de una madre. La madre de los Macabeos que vio morir a sus 7 hijos le dijo al más pequeño: “te llevé nueve meses en mi seno, te amamanté y te crié tres años, te alimenté hasta que te has hecho un joven. Hijo mío, te lo suplico: no temas a ese verdugo, no desmerezcas de tus hermanos, más bien acepta la muerte. Así, por la misericordia de Dios, te recobraré junto con ellos”. Así vio morir a los 7, con el corazón destrozado pero con admirable fortaleza.

Recordemos lo que experimentó la Virgen María. Desde que el Niño Jesús, perdido y hallado en el templo a los 12 años, le respondió: “¿No sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?” constató la realización de aquella profecía: “una espada te atravesará el alma”, viviendo anticipadamente el tormento del Calvario cuando se mantuvo “de pie junto a la cruz”.

Muy aleccionador fue el trato de nuestro mártir con su mamá, quien fue para él verdadera maestra, que no sólo le enseñó a escribir bien, sino sobre todo lo educó en la fe. ‘’No apostates de tu fe, sino sé fiel a Cristo que te espera con la palma del martirio en el cielo”. Ya prisionero, José pudo conseguir papel y lápiz para escribir una carta: “Mi querida mamá, fui hecho prisionero en este día, creo que voy a morir, pero no me importa. Mamá, resígnate a la voluntad de Dios, muero contento porque muero en la raya del lado de nuestro Dios. No te apures por mi muerte, eso es lo que me mortifica; antes dile a mis otros hermanos que sigan el ejemplo que su hermano, el más chico, les dejó. Ten valor y mándame la bendición junto con la de mi padre. Recibe el corazón de tu hijo que tanto te quiere y deseaba verte antes de morir. José Sánchez de Río, 6 de febrero de 1928”. Dicha carta la pudo mandar con una mujer que se acercó para llevarle una jarra de agua.

Y unos días después, pocas horas antes de su martirio, le escribió otra carta a su tía paterna, la señora María Sánchez, en los siguientes términos: “Querida tía, estoy sentenciado a muerte. Esta noche llegará el momento tan deseado… No me encuentro capaz de escribirle a mi madre… Cristo vive, Cristo reina, Cristo impera. Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe. José Sanchez del Río, que murió en defensa de su fe. Adiós”.

3) Las paradojas del Evangelio son difíciles de entender y de vivir: “No he venido a traer paz a la tierra sino la guerra… los enemigos de cada uno serán los de su propia familia. El que ama a su padre o a su madre más que a Mí, no es digno de Mí”. Palabras de Jesús que contrastan con aquellas otras: “Mi paz les dejo, mi paz les doy; no como la da el mundo”.

El Apóstol Pablo afirma que: “Cristo es nuestra paz”. Recomienda a los cristianos: “fortalézcanse con el Señor y su fuerza poderosa. Ustedes no pelean contra seres de carne y hueso, sino contra las potestades, los espíritus malignos soberanos de las tinieblas. Vistan la armadura de Dios para poder resistir y salir vencedores, pónganse el cinturón de la verdad, la coraza de la justicia, el escudo de la fe y el casco de la salvación; lleven la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios” (Efesios 6).

Por algo Jesús le recomendó a Pedro, después de que éste cortó una oreja a Malco: “Mete tu espada en la vaina”. Y respondió a Pilato que le preguntaba “¿conque Tú eres rey?”; “tú lo dices, Yo soy Rey, para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad” (Juan 18). Mártir quiere decir ser testigo.

Valentía, amor filial, victoria, son tres características del discípulo seguidor de Jesucristo. En este momento histórico de nuestra Patria pidamos por intercesión de San José Sánchez del Río la entereza ante las adversidades, la transmisión de la fe en el seno de los hogares y la capacidad de resistir al mal con la mansedumbre y las virtudes cristianas.

* Basílica de Santa María en el Trastévere en Roma, 17 de octubre de 2016.

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