Por: Alberto Cardenal Suárez Inda, Arzobispo de Morelia

Domingo 9 de Octubre de 2016

Es muy triste y preocupante lo que está sucediendo a diario en nuestros pueblos y ciudades.

Se dan atracos y robos a mano armada, amenazas y extorsiones, y lo peor son los homicidios.

Muchas personas consiguen con facilidad armas, incluso de alto poder.

Se respira un clima de miedo e inseguridad que, en ocasiones, llega a provocar psicosis.

Estamos viviendo la anticultura de la muerte. Por cualquier motivo de riña o de atracos se saca el cuchillo, la pistola o la metralleta. En muchísimos casos son jóvenes quienes cometen graves delitos.

La base de la convivencia social y el derecho fundamental de toda persona es el respeto a l vida. Eliminar al otro nunca es la solución razonable de los conflictos. A una persona no se le puede poner precio, la vida es sagrada; el mandamiento de la Ley de Dios “no matarás” mantiene toda su vigencia en una sociedad cristiana.

La envidia, la codicia, el odio, la venganza son inspiración del demonio “homicida desde el principio”. Un discípulo de Jesús nunca debe dejarse arrastrar por esas graves tentaciones.

Nuestro Maestro nos pide vencerlas con la fuerza del amor. El cristianismo y toda religión auténtica nos lleva a una cultura de la vida.

En particular el asesinato de un sacerdote es motivo de dolor para la comunidad. Para el Obispo y para el Presbiterio es como arrancar la vida a un hijo o a un hermano. Un sacerdote no es el empleado de una gran empresa ni el funcionario de una institución social; es miembro de una verdadera familia. Es comprensible que este acontecimiento sea más llamativo y se resalte en la opinión pública.

No nos corresponde a nosotros, como Iglesia, investigar los hechos. Simplemente pedimos que las autoridades judiciales aclaren los acontecimientos y señalen las responsabiliades conforme a la verdad. Cualesquiera que hayan sido los móviles, nos toca orar por la víctima y pedir a Dios perdone a los culpables.

Lo que en estos tiempos más urge es que trabajemos por construir el Reino de Dios en la paz y en la justicia, en la misericordia y el perdón. Evangelizar educando y educar evangelizando son las claves de una nueva sociedad.

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